Columna por Óscar Mercado, Presidente de Red Campus Sustentable en el Día Mundial de las Aves

Jueves 9 de abril, 2019

Cerca de 9700 especies de aves nos acompañan en nuestro transitar por el planeta; dentro de este gran número tenemos especies que no vuelan, especies que solo nadan, unas que anidan en túneles construidos por ellas, otras que los tejen, en fin, una tremenda diversidad de formas, colores, tamaños y hábitats, con una característica única en común; todas tienen plumas.

Estos emplumados acompañantes del ser humano, fuera de servir como fuente de inspiración de poemas, pinturas, canciones y otras expresiones artísticas, desempeñan múltiples funciones en los diversos ecosistemas en que existen: la dispersión de semillas, el control de plagas y la polinización son las más conocidas. Contribuyen también con un rol económico al ser fuente de ingresos vía el aviturismo, actividad cada día más masiva a lo largo y ancho del mundo. Basta la presencia de un ave endémica, o especialmente llamativa, para trasladar a observadores de todo el mundo a una localidad donde la comunidad recibe los ingresos de su presencia. Son muy  importantes, además, porque sirven como indicadores de la salud de un ecosistema; su presencia o ausencia denota la salud del hábitat.

El lado oscuro de nuestra relación con las aves lo constituye su explotación, justificada a veces como paliativo para el hambre que azota a regiones pobres de nuestro mundo, y muchísimas veces claramente injustificadas, como la caza “deportiva”, que ya ha extinguido especies de nuestro planeta, o el comercio ilegal de especies, fuente de riesgo para muchas especies llamativas.

Hoy por hoy, estando en una crisis de sustentabilidad sin precedentes, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) cifra en 1492 las especies de aves amenazadas en el mundo (15% del total). Entre ellas, varias chilenas y dos muy emblemáticas, el picaflor de Arica y el picaflor de Juan Fernández, ambas a causa de la pérdida de sus hábitats por influencia humana.

Como todo efecto de la crisis de sustentabilidad, la causa última somos nosotros, más bien nuestra falta de educación, de buena educación. Formando como formamos hoy en nuestras universidades seguiremos formando optimizadores económicos que no dudan en acabar un hábitat si esto les genera ganancias monetarias; en el caso de nuestros alados acompañantes, su declive (38% de la masa de especies ha disminuido desde 1970 de acuerdo al Informe Planeta Vivo) obedece principalmente a la pérdida de hábitats producto de actividades humanas. O educamos para la sustentabilidad a quienes toman decisiones o perdemos, también, a las aves.

 

Publicado por: comunicaciones RCS