PUCV se suma a Día Mundial sin Tabaco con campaña que promueve reciclaje de colillas
“Recicla tu colilla” es el nombre de la campaña de sensibilización ambiental que tiene por fin visibilizar los daños generados por el tabaquismo no sólo a la salud, sino también al medio ambiente, promoviendo el reciclaje de colillas que luego se transformarán en ecoproductos.

Gracias a una alianza con Imeko, empresa pionera en Chile conformada por un grupo de exalumnos, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) conmemora el “Día Mundial sin Tabaco” con la instalación de contenedores de colillas de cigarrillo en diferentes sedes del eje Brasil, Curauma y Sausalito, iniciando así el reciclaje de estos residuos, que luego de un proceso de recolección y tratamiento, serán valorizados y convertidos en ecoproductos como posavasos, lentes de sol y artículos de escritorio, entre otros, prolongando su existencia y mitigando su impacto en los ecosistemas.

“Hacer de la universidad un ejemplo de comportamiento ambiental es parte de las tareas de una universidad sustentable y este hito aporta en gran forma a este fin. Cada uno de los avances, como este respecto de las colillas, que hacen las universidades de la Red Campus Sustentable es sin duda un aporte a la construcción de universidades comprometidas con la sustentabilidad”, afirma Óscar Mercado, presidente de Red Campus Sustentable, alianza interuniversitaria que agrupa a 18 universidades chilenas que trabajan en pos de la sustentabilidad, celebrando el avance de la PUCV, que se adhiere a la Red en en 2014.

Impacto en la salud y ecosistemas

Pese a los cambios normativos y campañas mundiales que buscan desincentivar el consumo de tabaco, se estima que el 31% de los chilenos ha fumado el último año. Asimismo, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) advierte que en nuestro país, esta enfermedad fue responsable de 3.581 muertes,  superando al cáncer de estómago, que dejó 3.478 personas fallecidas por la misma causa.

Pero a la problemática de salud pública y calidad de vida debe sumarse la de los residuos derivados de su consumo a nivel mundial. Se calcula que al menos 70% de los 15 mil millones de cigarrillos consumidos diariamente en el mundo son desechados al medio ambiente.

El destino e impacto de estos residuos no biodegragradables es aún desconocido por muchos: se suman a las toneladas de microplásticos que por décadas han degradado los ecosistemas marinos y terrestres, disparando una crisis ambiental y de biodiversidad que se ha tomado la agenda internacional tras la publicación a inicios de este mes del último reporte de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), que informa que 1 millón de especies animales y vegetales se encuentran actualmente en peligro de extinción.

Producto de un trabajo exhaustivo de más de tres años que hizo una revisión de más de 15.000 materiales de referencia, el informe disparó las alarmas del mundo científico, que ha pedido públicamente acelerar cambios en materias socioambientales.

Aportando con soluciones

Motivados por el desalentador panorama del entorno, el grupo de Imeko sólo quiso enfocarse en las soluciones.

“Las colillas de cigarro representan una problemática ambiental que poco se conoce y nos dimos cuenta de que era un problema del que nadie se estaba haciendo cargo. Además, el énfasis de la problemática sólo ha sido abordado desde el ámbito del impacto en la salud y muy escasamente desde la contaminación ambiental producida por su consumo. A través de nuestra formación científica, decidimos buscar soluciones y nos dimos cuenta de que había mucho por hacer”, afirma Valery Rodríguez, exalumna de Química Industrial y gerente general de Imeko, empresa que gracias a un proyecto de innovación tecnológica adjudicado por la universidad, hoy ofrece una solución escalable para la problemática de un residuo que, a la fecha, no figuraba en el mapa de materiales dignos de reciclarse.

La explicación, a juicio de Valery, se debe a que “las colillas de cigarro están hechas de un material que para ojos de muchos es simplemente basura. La gente lo ve como un residuo despreciable, un poco ligado al desprecio que el consumo de tabaco genera”.

Para ellos, sin embargo, representaba una oportunidad.  “Nosotros sabíamos que podíamos recuperar el acetato de celulosa con que están hechos todos los filtros y que esa materia prima podía ser valorizable para ser introducido en la cadena de valor de los plásticos reciclados y generar nuevos productos”.

Entusiasmada porque su propia casa de estudios se sume al reciclaje de estos residuos, manifiesta que “es muy valioso para nosotros que la universidad esté incorporando nuevas prácticas de reciclaje, no sólo de colillas, sino también de otros residuos. Y no sólo para nosotros, sino también para aquellos que se están formando, porque les permite  adquirir esas prácticas y llevarlas a otros ámbitos”.

Gestores de cambio socioambiental

Considerando que sólo una colilla es capaz de contaminar 8 litros de agua con más de 7.000 compuestos tóxicos y carcinógenos – metales pesados y nicotina, entre otros- y que Imeko ya suma 1 millón 200 mil colillas recicladas a la fecha, su propuesta de valor es reflejo de las inquietudes de una generación capaz de compatibilizar el emprendimiento y la innovación con principios de desarrollo sostenible.Elizabeth Jorquera, encargada de Programa Vive Salud de la Dirección de Asuntos Estudiantiles (DAE), afirma que “hay una gran red de alumnos interesados en participar en las campañas de concientización sobre temáticas de salud y ambientales, ya sea por medio de talleres, programas o grupos interuniversitarios.

Es por eso que creo que la campaña tendrá una gran acogida, porque siempre son las nuevas generaciones las que nos hacen ver con mayor claridad la necesidad de gestionar cambios”.Esta campaña pionera se suma a una serie de acciones que buscan promover la educación socioambiental, como una manera de contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas y propiciar un modelo de desarrollo que resguarde el equilibrio social, ambiental y económico, tanto dentro de la cultura universitaria como en la comunidad local y global en que se inserta.